Consejos para Escritores
El estilo mejor es el preciso: la precisión es la máxima cualidad que puede lucir quien escribe.
Tras esta virtud, otras muy importantes son la concisión o brevedad, la claridad y la elegancia u ornato.
Ninguna de tales virtudes puede brillar sin una imprescindible: la corrección.
Escribir es la última tarea para un redactor: primero hay que hacer un borrador y oscurecerlo de correcciones (el llamado “castigo”); de él se sacará en limpio el escrito definitivo.
El BORRADOR consta de invención, o búsqueda de materiales en las fuentes; disposición u ordenación de las mismas en el orden más conveniente al propósito; y adorno, es decir, hacer elegante y agradable el texto a la imaginación con figuras retóricas, ingenio, gracia, alusiones a la actualidad e imaginación.
Hecho el borrador, somételo a las siguientes operaciones (el llamado “castigo” o depuración del estilo):
Sustituir las palabras repetidas de la redacción por sinónimos más precisos o suprimirlas.
Buscar las palabras ambiguas en tu redacción y reemplazarlas por vocablos más exactos.
Preferir el adjetivo pospuesto al antepuesto.
Suprimir adverbios en –mente o sustituirlos por un sintagma preposicional.
Quitar los nexos cuando puedan ser reemplazados por signos de puntuación: eso permite más agilidad y concisión.
Reducir las expresiones más largas; sustituirlas por otras igual de precisas, pero más cortas.
Eliminar las rimas y cacofonías: los sonsonetes irritan y distraen al lector.
Extirpar las inconsecuencias, esto es, las frases que no se siguen lógicamente de lo antes escrito y hacen aparecer desaliñado al escrito.
Preferir el verbo al sustantivo y el sustantivo al adjetivo.
Omitir expresiones vulgares o coloquiales: “bueno”, etc...
Tachar los circunloquios o rodeos o poner algo sustancial en su lugar.
Nada de introducciones: quitan tiempo; ve al grano, evitando expresiones como “Yo creo, pienso, opino que...”, etc... Evita transiciones largas de una idea a otra mediante signos de puntuación.
Coloca los acentos que faltan a tu redacción.
Evita las palabras demasiado inconcretas o “palabras baúl”, porque tienen un sentido tan general que no significan nada: “cosa”, “tener”, “hacer...”. También las muletillas o expresiones propias repetidas: “y tal y cual”, “y todo eso” eiusdem palotis.
No dejes frases sin terminar... sugieren pobreza de léxico.
Corrige las faltas de concordancia entre sujeto y verbo, sustantivo y adjetivo, etc...
Utiliza los tiempos verbales más exactos.
Busca ejemplos y argumentos que apoyen cada uno de tus puntos de vista: no dejes tesis ni opiniones sin argumentos o pruebas después que los justifiquen. Si no, el escritor del texto parece infantil.
Ordena tus argumentos del más simple al más complejo o viceversa.
En las enumeraciones, sigue el orden alfabético.
En las series de complementos, ordénalos por extensión del más corto al más largo o viceversa.
Procura que tus oraciones tengan más o menos la misma longitud o sean simétricas. Un buen recurso es utilizar parejas de palabras o frases unidas por una conjunción: da precisión y ritmo a la frase.
Dispón tus datos por orden cronológico cuando sea a propósito.
Sitúa al principio de la frase la parte de la misma (sintagma o palabra) que más te interese destacar.
Cuando quieras ser claro, sigue siempre este orden: sujeto, verbo, complementos (y los complementos ordénalos de mayor a menor en extensión o viceversa).
Sitúa los adverbios lo más cerca posible del verbo, a ser posible después.
Formula las tesis u opiniones que se pueden defender sobre un tema propuesto y escoge la que más se avenga con tu criterio.
Simula pequeñas incertidumbres, hazte preguntas retóricas. Una pregunta retórica es una buena forma de empezar. Empieza siempre modestamente cuando te dirijas a grupos de personas.
Separa en párrafos tu redacción. La presentación de un todo continuo fatiga la vista y sugiere desorden.
Introduce cada uno de tus párrafos con una sangría inicial del primer renglón. (Una sangría es varios espacios en blanco)
Pon un margen el doble de extenso a la izquierda del escrito que a la derecha.
Fuente: Club de Escritores